El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a colocar a Groenlandia en el centro de la geopolítica internacional.

El mandatario declaró que impondría aranceles a los países que se opongan a su plan de controlar la isla semiautónoma, perteneciente al Reino de Dinamarca. La afirmación reavivó tensiones diplomáticas y abrió un nuevo capítulo en la disputa por el Ártico.
Horas antes, una delegación bipartidista de legisladores estadounidenses se reunió en Copenhague con líderes de Dinamarca y Groenlandia para asegurarles que el Congreso respalda la cooperación bilateral, pese a las amenazas del presidente.
El encuentro buscó calmar los ánimos y subrayar que la relación con Dinamarca sigue siendo estratégica para Washington.
Groenlandia, con apenas 56 mil habitantes, posee vastos recursos naturales y una ubicación clave en el Ártico, región cada vez más disputada por potencias como Rusia y China.
Trump ya había manifestado en 2019 su interés en adquirir la isla, propuesta que fue rechazada tajantemente por Copenhague, calificándola de “absurda”.
Entretanto, España evalúa si se suma a otros países de la OTAN que desplegarán tropas en el territorio ártico.
Alemania, Francia y Reino Unido ya enviaron fuerzas, argumentando la necesidad de garantizar la seguridad regional y la libre navegación en rutas estratégicas que se abren con el deshielo.
Analistas advierten que la presión de Trump podría fracturar la unidad de la alianza atlántica, mientras Dinamarca insiste en que Groenlandia no está en venta ni bajo negociación.
La controversia refleja cómo el Ártico se ha convertido en un tablero de poder global, donde cada voto y cada decisión diplomática pesan como oro.






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