La diputada del Partido Liberal, Saraí Espinal, volvió a colocarse en el centro de la polémica al dirigir un mensaje irónico contra el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, General Roosevelt Hernández Aguilar, sugiriendo que tras el cambio de administración quedará sin empleo y deberá enviar su currículum para “ver en qué plaza lo podemos colocar”.

La expresión, interpretada como una burla política, generó inmediatas reacciones en redes sociales, donde simpatizantes y críticos debatieron sobre los límites del discurso confrontativo en medio de un relevo institucional.

Este episodio se suma a una serie de enfrentamientos previos entre Espinal y Hernández.

En julio de 2025, la parlamentaria denunció públicamente al alto mando militar por supuesta persecución política, responsabilizándolo de represalias contra su familia y de utilizar su cargo para intimidar a opositores.

Incluso llegó a declarar que, si algo le sucedía, él sería el responsable directo, lo que encendió las alarmas en organismos de derechos humanos y misiones diplomáticas acreditadas en el país.

La confrontación refleja el clima de polarización que atraviesa Honduras en la antesala de la transición gubernamental. Mientras sectores oficialistas defienden la labor de las Fuerzas Armadas en garantizar la estabilidad, voces opositoras cuestionan la influencia militar en la política y denuncian abusos de poder.

 El intercambio verbal entre Espinal y Hernández se interpreta como un síntoma de las tensiones acumuladas en un escenario donde las instituciones se preparan para un nuevo ciclo político.

De cara al 27 de enero, la ciudadanía observa con expectativa el desenlace de estos roces, conscientes de que el tono de los liderazgos marcará la ruta hacia la gobernabilidad en la nueva etapa.

La disputa entre Espinal y Hernández, más allá de lo personal, expone la necesidad de reducir la confrontación y fortalecer el diálogo democrático en un país que busca estabilidad tras años de crisis política.

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