Las repetidas lesiones y una cierta inconsistencia han impedido hasta ahora que Ousmane Dembélé brille con luz propia en la selección de Francia. Sin embargo, tras conquistar el Balón de Oro en 2025, los Bleus depositan su confianza en el olfato anotador del atacante del PSG de cara al Mundial 2026.

Por el momento, es tiempo de ensayo general: Dembélé regresa más de seis meses después a la disciplina de Didier Deschamps, en vísperas del duelo amistoso del jueves contra Brasil en Boston, seguido de otro compromiso el domingo frente a Colombia en Washington.
El último partido del extremo con la camiseta francesa dejó un sabor amargo. El 5 de septiembre de 2025, en Breslavia, Polonia, durante la fase de clasificación mundialista, ingresó tras el descanso en la victoria 2-0 ante Ucrania.
Poco después, una nueva lesión lo apartó de la dinámica del equipo, prolongando la incertidumbre sobre su continuidad.
Hoy, la expectativa es distinta. Con un año clave por delante, Francia necesita recuperar la mejor versión de Dembélé, capaz de desequilibrar defensas y aportar goles decisivos. Su regreso no solo representa un refuerzo técnico, sino también un impulso anímico para un plantel que busca consolidarse antes de la cita mundialista.
Los amistosos contra Brasil y Colombia servirán como termómetro para medir su estado físico y su adaptación tras la larga ausencia. La afición francesa espera que el talento del delantero, tantas veces interrumpido por lesiones, pueda finalmente desplegarse con plenitud en el escenario internacional.
La mirada está puesta en el Mundial 2026: Francia confía en que Dembélé, ahora más maduro y con el prestigio de un Balón de Oro, se convierta en la pieza clave que hasta ahora no ha logrado ser.






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