El Inter de Milán volvió a ser el rey de Italia. En San Siro vivió una noche histórica al coronar a los nerazzurri campeones de la Serie A con una victoria por 2-0 ante el Parma, sellando el vigésimo primer Scudetto de su historia a falta de tres jornadas para el cierre del campeonato.

Lo más emotivo del momento: el estadio no cantaba el alirón como local desde hacía 37 años, convirtiendo la celebración en un acontecimiento generacional para la afición interista.
Milán se tiñó de azul y negro desde temprano. El recibimiento al autobús del equipo fue una muestra inequívoca del hambre de título que acumulaba una hinchada que vivió con intensidad cada minuto de una jornada cargada de simbolismo y emoción.
Solo hacía falta un punto para proclamarse campeón, pero el Inter quería más: quería ganarlo en casa, ante su gente, y con autoridad.
El Parma, pese a no tener nada en juego, no llegó a San Siro a pasear. El equipo dirigido por el español Carlos Cuesta saltó al campo concentrado y ordenado, cerrando bien los espacios y haciendo méritos para no ser un simple comparsa en la fiesta nerazzurra.
Durante la primera parte, el Inter rozó el gol con un disparo al larguero y un posterior rebote que el portero logró despejar milagrosamente sobre la línea, manteniendo el suspenso más tiempo del esperado.
Finalmente, la calidad y la determinación del Inter terminaron imponiéndose. Los dos goles que sellaron el marcador desataron la euforia en las gradas de San Siro y pusieron el broche a una temporada de enorme nivel colectivo, en la que los de Milán consiguieron arrebatarle el Scudetto al Nápoles, repitiendo el guion de lo ocurrido hace dos campañas en una rivalidad que tiene en vilo al fútbol italiano. Italia tiene nuevo, y viejo, campeón.





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