Moscú. — El Kremlin incrementó drásticamente la seguridad personal alrededor del presidente Vladimir Putin, instalando sistemas de vigilancia en las casas de sus colaboradores cercanos como parte de nuevas medidas motivadas por una ola de asesinatos de altos mandos militares rusos y temores de un golpe de Estado, según un informe de una agencia de inteligencia europea obtenido por CNN.

Cocineros, guardaespaldas y fotógrafos que trabajan con el presidente tienen prohibido viajar en transporte público. Los visitantes del jefe del Kremlin deben ser registrados dos veces, y quienes trabajan cerca de él solo pueden usar teléfonos sin acceso a internet.
El detonante fue un crimen en plena capital rusa. Tras el asesinato del teniente general Fanil Sarvarov en Moscú el 22 de diciembre de 2025, presuntamente perpetrado por agentes ucranianos, Putin convocó al personal clave de seguridad tres días después. Durante esa reunión, el jefe del Estado Mayor General, Valery Gerasimov, criticó al director del FSB, Alexander Bortnikov, por no proteger a sus oficiales, quienes a su vez se quejaron de falta de recursos y personal.
El informe señala que, desde comienzos de marzo de 2026, el Kremlin ha estado preocupado por posibles filtraciones de información sensible, así como por el riesgo de una conspiración dirigida contra Putin, con especial temor al uso de drones para un posible atentado por parte de miembros de la élite política rusa.
Funcionarios de seguridad han reducido drásticamente el número de lugares que Putin visita con regularidad. Él y su familia han dejado de acudir a sus residencias habituales en la región de Moscú y en Valdai. Para sortear estas restricciones, el Kremlin difunde imágenes pregrabadas de él al público.
La figura más señalada en el dossier es el propio entorno de Putin. El exministro de Defensa Sergei Shoigu, actualmente secretario del Consejo de Seguridad, está asociado con el riesgo de un golpe de Estado, ya que conserva una influencia significativa dentro del alto mando militar.
El temor a un atentado mediante drones se intensificó tras la operación ucraniana «Spiderweb», en la que aparatos no tripulados atacaron aeródromos rusos incluso más allá del Círculo Polar ártico, episodio que coincidió con la creciente inquietud del Kremlin ante la posibilidad de un golpe de Estado. El búnker, la paranoia y el silencio se han convertido en la nueva normalidad del hombre más vigilado del mundo.






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