El fútbol español vivirá este domingo uno de los partidos más trascendentales de la temporada cuando el Real Madrid visite al Barcelona en el Camp Nou en un Clásico liguero que tiene sabor a final anticipada.

Para los merengues, la ecuación es brutal y sin margen de error: solo la victoria les permite seguir soñando con LaLiga. Cualquier otro resultado convertirá al Barcelona en campeón de España en pleno Clásico.
El conjunto azulgrana llega a este duelo desde una posición de privilegio absoluto.
Con 11 puntos de ventaja sobre su eterno rival y cuatro jornadas por disputarse, al Barça le basta con un empate para levantar el título y revalidar la corona liguera ante su propia afición, en su propio estadio y frente a su máximo adversario histórico.
Un escenario que ningún culé se atrevería a imaginar mejor.
El Real Madrid, en cambio, atraviesa uno de sus momentos más turbulentos de la temporada.
La tormenta interna que sacude al vestuario blanco llega en el peor momento posible, justo cuando el equipo necesita su mejor versión para intentar el milagro. Su única buena noticia reciente fue el triunfo 2-0 sobre el Espanyol el pasado fin de semana, resultado que aplazó la coronación azulgrana y mantuvo viva, aunque sea matemáticamente, la ilusión merengue.
Con doce puntos aún en juego en lo que resta de LaLiga, la remontada es aritméticamente posible pero deportivamente improbable.
El Madrid tendría que ganar todos sus partidos restantes y esperar que el Barcelona encadenara una serie de tropiezos difícilmente concebibles para un equipo que ha dominado la competición de principio a fin con autoridad.
El Camp Nou será este domingo el escenario donde probablemente nazca un nuevo campeón.
El Barcelona huele la gloria. El Real Madrid, obligado a ganar o ver cómo su rival se corona en casa, llega herido, pero con el orgullo de su historia como única armadura.






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