La capital amaneció estremecida tras un crimen que refleja la brutalidad con la que operan los sicarios en el país. Kelin Sucely García Raudales, una joven que salió de su vivienda en la colonia El Pedregal para comprar medicamentos destinados a su madre, fue raptada por individuos armados que se movilizaban en una camioneta.

De acuerdo con versiones preliminares, los atacantes interceptaron a la víctima en plena vía pública y la obligaron a subir al vehículo.

Minutos después, la trasladaron hasta una solitaria calle de la colonia San Ignacio, donde ejecutaron el ataque.

En el lugar, los sicarios descargaron contra ella más de 28 disparos, dejándola sin vida de manera inmediata.

Vecinos de la zona relataron que escucharon una ráfaga de detonaciones y, al salir, encontraron el cuerpo de la joven tendida en el pavimento.

La escena fue descrita como dantesca, con múltiples casquillos esparcidos alrededor, evidencia del ensañamiento con el que actuaron los asesinos.

Agentes de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI) se presentaron para acordonar el área y realizar el levantamiento de pruebas.

El caso ha generado conmoción y repudio, pues la víctima no tenía antecedentes criminales y fue atacada de manera indiscriminada.

Este hecho se suma a la creciente ola de violencia que golpea a Tegucigalpa, donde las ejecuciones múltiples y los ataques con armas de fuego se han convertido en una constante.

Organizaciones defensoras de derechos humanos han reiterado la urgencia de fortalecer las políticas de seguridad y de protección a la ciudadanía, especialmente a mujeres que se encuentran en situación de vulnerabilidad.

La familia de Kelin Sucely exige justicia y que las autoridades den con los responsables de este crimen atroz.

Mientras tanto, la población hondureña vuelve a enfrentar el miedo y la indignación ante un nuevo episodio de violencia que deja en evidencia la impunidad que impera en el país.

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