La policía antidisturbios de Turquía disparó gases lacrimógenos y se abrió paso a la fuerza en la sede central del Partido Republicano del Pueblo, el CHP, para desalojar a su cúpula directiva tras ser depuesta por orden judicial, en una jornada que dejó imágenes dramáticas y profundizó la crisis más grave que enfrenta la democracia turca en años recientes.

Densas nubes de gas lacrimógeno llenaron el interior del edificio mientras los militantes apostados dentro lanzaban objetos contra los agentes que derribaban una barricada improvisada en la entrada principal de la sede, ubicada en la capital, Ankara.
Los gritos de protesta resonaron durante horas frente a las cámaras de decenas de medios de comunicación nacionales e internacionales congregados en el lugar.
El origen de la crisis se remonta a una resolución dictada el jueves por un tribunal turco, que anuló los resultados del congreso interno del CHP celebrado en 2023, en el que Özgür Özel había sido elegido presidente del partido.
El fallo, sustentado en alegadas irregularidades durante el proceso electoral interno, ordenó además la restitución en el cargo del histórico expresidente del partido, Kemal Kılıçdaroğlu, quien ese mismo año perdió las elecciones presidenciales frente al mandatario Recep Tayyip Erdoğan en una segunda vuelta extremadamente reñida.
Özel rechazó acatar la resolución y convocó a sus seguidores a resistir el desalojo, denunciando la decisión judicial como una maniobra política impulsada desde el poder para desestabilizar y descabezar a la principal fuerza opositora del país de cara a los próximos comicios.
Miles de simpatizantes respondieron al llamado y se concentraron frente a la sede en señal de respaldo y protesta.
La reacción internacional no se hizo esperar. Representantes de la Unión Europea, gobiernos aliados y organizaciones de derechos humanos exigieron al ejecutivo de Ankara que garantice el respeto al Estado de derecho y a los principios democráticos fundamentales. Bruselas advirtió que monitoreará de cerca la evolución de los acontecimientos. Pese al desalojo, la tensión en las calles de Ankara no cedió. Los dirigentes del CHP anunciaron nuevas movilizaciones para los próximos días, mientras el futuro del partido y el rumbo de la democracia turca quedan sumidos en una incertidumbre sin precedentes recientes.






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