El papa León XIV publicó su primera encíclica pontificia, un documento de 235 páginas titulado Magnifica Humanitas: On Safeguarding the Human Person in the Time of Artificial Intelligence, en el que traza una visión ambiciosa y valiente sobre los grandes desafíos que enfrenta la humanidad en el siglo XXI.

En el centro del documento está una advertencia sobre la creciente influencia de la inteligencia artificial y los sistemas digitales en la vida cotidiana y en la toma de decisiones.

León XIV reconoce que el progreso tecnológico ha mejorado las condiciones de vida a lo largo de la historia, pero advierte que la escala y velocidad del cambio tecnológico actual plantean nuevas preocupaciones éticas sobre la dignidad humana y la justicia social.

Con una metáfora bíblica contundente, el pontífice escribió que la humanidad debe elegir entre construir Babel o reconstruir Jerusalén, instando a que el desarrollo de la inteligencia artificial incluya perspectivas diversas y esté orientado al bien común.

En materia de guerra, León XIV fue aún más tajante al declarar que la teoría de la guerra justa está ya obsoleta, argumentando que los avances en armas autónomas e inteligencia artificial han hecho que los conflictos sean cada vez más impersonales e irresponsables.

Advirtió que ningún algoritmo puede hacer moralmente aceptable una guerra y que no es permisible delegar decisiones letales a sistemas artificiales.

Sobre migración, el papa afirmó que el trato que una sociedad da a los migrantes y refugiados revela si su sentido de justicia está impulsado por el miedo o por el espíritu de fraternidad, llamando a crear vías legales y seguras de migración.

Uno de los pasajes más impactantes fue la disculpa formal de la Iglesia por su papel histórico en la esclavitud.

León XIV reconoció que la Iglesia fue lenta en condenar la esclavitud y pidió perdón en su nombre por el inmenso sufrimiento y humillación padecidos por tantas personas en contraste con su dignidad como seres amados por Dios.

La encíclica, dirigida no solo a los 1,400 millones de católicos del mundo sino también a gobiernos y empresas tecnológicas, marca desde sus primeras páginas un pontificado dispuesto a confrontar sin rodeos las contradicciones más profundas de nuestro tiempo.

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