Las grandes firmas de lujo europeas han puesto sus ojos en Estados Unidos con una intensidad sin precedentes. Impulsadas por una nueva generación de consumidores adinerados, enriquecidos por el auge de la inteligencia artificial y la tecnología, marcas como Louis Vuitton, Dior, Gucci, Hermès y Moncler multiplican aperturas de tiendas y desfiles de moda en territorio estadounidense para compensar la fragilidad del consumo en el resto del mundo.

Tras dos años de contracción, el sector del lujo mostraba señales de estabilización hasta que la guerra con Irán, desatada a finales de febrero, trastocó los flujos de viaje y golpeó el gasto en artículos premium mucho más allá de Oriente Medio.

A ese factor se suma el estancamiento chino: China, el mayor motor de crecimiento del lujo durante dos décadas, sigue lidiando con la deflación y las secuelas de su crisis inmobiliaria, lo que hace que el sector necesite a los consumidores estadounidenses más que nunca.

El consumidor estadounidense de gama alta ha demostrado ser mucho más resistente que el de otras regiones, especialmente Europa, impulsado por el rally sostenido de la inteligencia artificial y el crecimiento salarial, según Marcus Morris-Eyton, gestor de carteras en AllianceBernstein en Londres.

La apuesta no se limita a las grandes ciudades costeras. La inversión en nuevas tiendas se extiende a estados y ciudades de segundo nivel, donde personas de alto patrimonio se han establecido atraídas por tasas impositivas más bajas que las de California o Nueva York, según Todd Siegel, presidente de retail en la firma inmobiliaria Savills.

Norteamérica representó aproximadamente el 27% de las aperturas de tiendas de lujo a nivel mundial en 2025, superando por primera vez a Europa, que concentró el 26%, y a China, con el 19%. El nuevo mapa del lujo tiene dirección clara: Estados Unidos.

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