MADRID. – Julián Álvarez llegó al Atlético de Madrid en el verano de 2024 procedente del Manchester City por 75 millones de euros, con la ilusión intacta y una temporada de debut que dejó números para el recuerdo: 24 goles y cinco asistencias en su primer año, además de un lugar clave en el esquema de Diego Simeone.

Hoy, ese vínculo parece roto: el club no lo blinda deportivamente, pero tampoco acepta venderlo, mientras el Barcelona insiste públicamente y el ambiente entre el jugador y la hinchada colchonera se deterioró de forma notoria.

El conflicto escaló esta semana cuando el presidente culé, Joan Laporta, reiteró que la oferta azulgrana por el argentino sigue en pie y aseguró que el propio jugador manifestó interés en sumarse al conjunto catalán.

«Seguimos muy interesados en Julián Álvarez. Nos gustaría que aceptaran nuestra oferta», declaró Laporta, quien detalló que la propuesta fue comunicada formalmente al director general rojiblanco, Miguel Ángel Gil Marín.

La respuesta del Atlético llegó con un comunicado contundente: el club aseguró que «la única víctima del caso Julián somos nosotros» y remarcó que existe «0% de posibilidades» de negociar el traspaso.
«Esta situación no va de dinero, va de dignidad», sentenciaron fuentes del club. Este jueves, el Consejo de Administración ratificó ese respaldo de forma unánime, acusando al Barcelona de no actuar «de forma ética y profesional».

En el plano deportivo, Álvarez fue silbado por la afición del Metropolitano tras el empate ante Villarreal y se ausentó de un entrenamiento por una «indisposición». Con el mercado cerrando el 1 de septiembre, el futuro de «La Araña», valorado en unos 200 millones de euros, sigue sin resolverse.

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