TOKIO, Japón. — La familia imperial japonesa, cuya línea de sucesión ha sido exclusivamente masculina durante más de 2.600 años, enfrenta una crisis sin precedentes: le quedan muy pocos miembros. Con tan solo 16 integrantes en la familia imperial, el parlamento nipón ha alcanzado un consenso sobre un marco legislativo destinado a estabilizar la institución.

La casa imperial opera bajo estrictas normas que permiten únicamente a los descendientes varones de la línea masculina ascender al antiquísimo Trono del Crisantemo. Esto significa que el futuro de la institución depende actualmente del príncipe Hisahito, de 19 años, sobrino del emperador Naruhito y el único hombre joven en la familia.
El plan, que se espera sea aprobado antes de que la sesión parlamentaria concluya el 17 de julio, introduce dos medidas principales: permitir que las integrantes femeninas conserven su estatus después de contraer matrimonio, y autorizar a la familia imperial a adoptar parientes varones lejanos pertenecientes a antiguas ramas de la casa imperial.
Sin embargo, los adoptados no tendrían derechos sucesorios al Trono del Crisantemo, aunque sus hijos varones sí podrían ser incluidos en la línea de sucesión.
La propuesta genera un debate profundo en la sociedad japonesa. Una encuesta telefónica del diario Asahi Shimbun en mayo reveló que el 72% de los encuestados está a favor de una monarca femenina, y el 74% apoya permitir que descendientes de línea materna asciendan al trono.
A pesar de ello, la primera ministra Sanae Takaichi ha declarado su oposición a modificar las reglas de sucesión masculina, afirmando que respeta las conclusiones de un panel de expertos de 2021 que recomendó mantener la elegibilidad exclusiva para los descendientes varones de línea masculina.
El debate refleja la tensión entre una tradición milenaria y las demandas de igualdad de género en el Japón contemporáneo.






Deja un comentario