Caracas, Venezuela. — La economía de esta nación ya se encontraba debilitada por años de sanciones lideradas por EE. UU., hiperinflación, corrupción gubernamental y mala gestión del sector petrolero.

Venezuela enfrenta hoy su peor pesadilla en décadas. La costa norte del país fue sacudida el miércoles por dos potentes terremotos con apenas un minuto de diferencia, los más fuertes que han azotado el país en más de un siglo.

Un sismo precursor de magnitud 7,2 se produjo cerca de San Felipe, capital del estado Yaracuy, poco después de las 18:04 horas.

Tan solo 39 segundos después, un segundo terremoto de magnitud 7,5 sacudió una zona próxima del mismo estado, sembrando el pánico y la devastación en toda la región.

Al menos 188 personas murieron y 971 resultaron heridas, con más de 200 atrapadas bajo los escombros y 157 desaparecidas. El estado costero de La Guaira sufrió los peores daños y fue declarado zona de desastre. Allí se encuentra uno de los puertos marítimos más importantes del país y el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, cerrado por los graves daños en su infraestructura.

Pero el golpe sísmico llegó sobre una nación ya herida de gravedad. La economía venezolana se encontraba debilitada por años de sanciones, hiperinflación, corrupción y mala gestión petrolera, a pesar de poseer las mayores reservas de petróleo del mundo. El PIB se ha contraído aproximadamente un 80% desde 2013.

El escenario político tampoco es estable. Venezuela está siendo gobernada por un gobierno interino después de que fuerzas estadounidenses capturaran al expresidente Nicolás Maduro a principios de este año. El sistema automatizado PAGER emitió una alerta roja por pérdidas económicas, indicando que el país requerirá asistencia financiera y técnica internacional urgente para su reconstrucción.

Equipos de la Cruz Roja enviados a las zonas afectadas afirmaron que era la peor situación que jamás habían visto en más de 100 años de operaciones en el país. Venezuela, en ruinas, pide al mundo que no la olvide.

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