Salt Lake City. – Un equipo de científicos identificó un mecanismo clave detrás de la propagación del alzhéimer en el cerebro, un hallazgo que podría abrir la puerta a tratamientos capaces de frenar la enfermedad en lugar de solo limpiar las proteínas tóxicas después de que el daño ya ocurrió.

Investigadores de University of Utah Health descubrieron que una proteína cerebral llamada Arc, que normalmente ayuda a las neuronas a comunicarse entre sí, podría estar contribuyendo sin querer a la propagación del mal. Según el estudio, esta proteína transporta la tau tóxica, un sello distintivo del alzhéimer, fuera de las células cerebrales dañadas y hacia las sanas.

El doctor Christopher U. Missling, presidente de la compañía biotecnológica Anavex Life Sciences, explicó a Newsweek que estos hallazgos cambian la forma en que se entiende la enfermedad, pues durante décadas la investigación se centró en la acumulación tóxica de tau dentro de las neuronas, y este estudio muestra cómo esa proteína podría aprovechar la maquinaria de comunicación propia del cerebro para trasladarse entre células.

Para comprobarlo, los investigadores compararon ratones con una enfermedad similar al alzhéimer con otros que además carecían de la proteína Arc, y comprobaron que esta cumple un papel esencial en el traslado de la tau entre células; normalmente, Arc se empaqueta en pequeñas estructuras llamadas vesículas extracelulares que transportan señales entre neuronas, pero la tau tóxica aprovecha ese mismo transporte para viajar de una neurona enferma a una sana. Cuando eliminaron Arc de los ratones, las vesículas transportaron mucha menos tau y la enfermedad dejó de propagarse con eficacia.

Sin embargo, Arc también cumple una función protectora al ayudar a las neuronas a sobrevivir más tiempo, permitiéndoles expulsar el exceso de tau tóxica, por lo que bloquearla por completo no sería la solución. El equipo también detectó vesículas con Arc y tau en tejido cerebral humano, lo que sugiere que el mismo proceso podría ocurrir en personas, aunque advierten que se requieren más estudios antes de aplicar tratamientos. El estudio fue publicado en la revista *Cell* el 29 de junio.

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