La Embajada de Estados Unidos en Honduras realizó una recepción oficial en un hotel de la capital para conmemorar el 250 aniversario de independencia de la nación norteamericana, con la distinguida presencia del presidente de la República, Nasry Tito Asfura, como invitado de honor, en un acto que sirvió para reafirmar los lazos históricos entre ambas naciones.

La recepción fue organizada por la encargada de Negocios de la Embajada de Estados Unidos en Honduras, Colleen Anne Hoey, y reunió a autoridades del gobierno hondureño, representantes del cuerpo diplomático, empresarios, líderes religiosos y otros invitados especiales.
Entre los asistentes destacaron la designada presidencial María Antonieta Mejía, el presidente del Banco Central de Honduras, Roberto Lagos, y el ministro de Seguridad, Gerson Velásquez.
Durante su discurso, Asfura calificó a Estados Unidos como promotor de valores democráticos y defensor de las libertades fundamentales, destacando la larga historia de amistad entre ambos países.
El mandatario fue enfático al señalar que su administración y la del presidente Donald Trump coinciden en la necesidad de fortalecer el Estado de derecho, combatir el crimen organizado y el narcotráfico, así como impulsar el desarrollo económico y el bienestar de ambos pueblos.
«Es una gran potencia que, mediante un sistema democrático basado en pesos y contrapesos, garantiza los derechos de sus ciudadanos, el acceso a la justicia y la convivencia pacífica», afirmó el presidente hondureño.

Por su parte, Hoey destacó que la conmemoración de este año gira en torno al tema «250 años de ingenio estadounidense», como reconocimiento a la capacidad de innovación que ha caracterizado a su país desde su independencia, subrayando que la relación entre ambas naciones crece constantemente mediante el comercio, la cooperación en materia de seguridad y los vínculos entre sus pueblos.
El 4 de julio de 2026, Estados Unidos celebrará 250 años de independencia, conmemorando el poderoso ideal de la libertad basada en la convicción de que un pueblo puede decidir su propio destino, un principio que Honduras y Washington reafirmaron en Tegucigalpa con renovado compromiso bilateral.






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